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CONCLUSIÓN

Queridos hermanos:

1. La Eucaristía está en el centro de la comunidad y de su misión ya que es el don más grande del amor de Dios a la humanidad. La Eucaristía es el don más grande que Cristo ha ofrecido y ofrece continuamente a la Iglesia.

Nosotros somos y debemos ser la Iglesia que Jesús forma y nutre con su Cuerpo y su Sangre.

La Eucaristía es fuente y culmen de la comunidad. La comunidad cristiana tiene su fuente en la Eucaristía. Es la Eucaristía la que la forma, alimenta, hace crecer, cura sus heridas, recompone sus divisiones.

Nosotros estamos preocupados por la situación del hombre de hoy, por la pérdida de los valores morales, por la corrupción, por la confusión en la que se debate nuestra sociedad. Pero debemos estar convencidos que solamente podremos ayudar a este mundo en la medida en que somos alianza entre Dios y los hombres, alianza que se realiza y renueva en la Eucaristía.

La Eucaristía nos enseña a dar primacía al amor en relación a la justicia, que vale más dar que recibir. Nos enseña que dando se recibe de Dios más y mejor que cuanto pudiéramos adquirir o desear según nuestros planes y pretensiones.

La Eucaristía nos enseña la confianza en Dios, incluso cuando Él nos deja por un poco de tiempo en la necesidad o en la dificultad y da a nuestro espíritu paz y paciencia, también en medio de las tribulaciones.

La Eucaristía nos enseña a dar primacía a lo espiritual.

La Eucaristía nos enseña la importancia de una ética fundada sobre el amor, la generosidad, la gratuidad.

La Eucaristía nos enseña la justa escala de los valores: a no poner en primer plano nuestra voluntad y las realidades terrenas, sino la voluntad de Dios y los bienes celestiales.

En la programación que nos espera, trabajar con mayor confianza en una pastoral que dé prioridad a la oración, personal y comunitaria, significa respetar un principio esencial de la visión cristiana de la vida: la primacía de la gr acia. Hay una tentación que insidia siempre todo camino espiritual y la acción espiritual misma: pensar que los resultados dependen de nuestra capacidad de hacer y programar ” ( Novo Millenio Ineunte , 38).

2. La Eucaristía debe ser el punto central, el vínculo de todo nuestro camino diocesano y de todos nuestros programas pastorales.

La Pastoral Orgánica es un momento de la renovación de la Alianza de Dios con su Pueblo, con su Iglesia y nosotros debemos llevar en nuestro corazón a nuestra gente, a nuestras comunidades, con sus sufrimientos y esperanzas, no buscando soluciones pragmáticas o periféricas, sino haciendo presente de nuevo todo el misterio de la Alianza de Jesús con su Padre en la Eucaristía.

Cada acción de la pastoral Orgánica, aún la más pequeña, deberá consolidar, reforzar la confianza de que el Señor está al lado del hombre de hoy, del pecador, para buscarlo y salvarlo.

Así, Jesús nos está marcando fuertemente que la Pastoral Orgánica es convocada por la Eucaristía , deberá tener siempre su referencia a la Eucaristía y deberá ser en todo momento reflejo de la alianza eucarística que el Padre en Cristo ha querido realizar con este Pueblo que peregrina en la arquidiócesis de Tucumán.

Que Jesús resucitado, el cual nos acompaña en nuestro camino, dejándose reconocer como a los discípulos de Emaús «al partir el pan» (Lc. 24,30), nos encuentre vigilantes y preparados para reconocer su rostro y correr hacia nuestros hermanos, para llevarles el gran anuncio: «¡Hemos visto al Señor!» (Jn. 20,25) ” ( Novo Millenio Ineunte, 59).

Que la Virgen María , la madre de Jesús y madre nuestra, la que conoció y amó a Jesús, nos ayude para que alcancemos la plenitud de la Pascua del Señor.

Con mi paternal bendición.

Mons. LUIS H. VILLALBA

ARZOBISPO DE TUCUMÁN

 

San Miguel de Tucumán, 28 de febrero, Miércoles de Ceniza, de 2001