Carta Pastoral
el AÑO PAULINO
Queridos Sacerdotes, Diáconos, Consagrados, Consagradas y Laicos:
1. El Papa Benedicto XVI tuvo la feliz iniciativa de proclamar un año dedicado al Apóstol San Pablo, que se extiende desde el 28 de junio de este año hasta el 29 de junio del próximo.
Se quiere celebrar los 2000 años del nacimiento del Apóstol de las Gentes. Se trata, en realidad, de una “fecha simbólica”, pues no se sabe exactamente cuándo nació. Según los historiadores el nacimiento de San Pablo se sitúa entre el año 7 y el año 10 de nuestra era.
2. Nuestro tiempo, bajo muchos aspectos, se asemeja al que vivió San Pablo.
Hoy, como ayer, el esplendor externo de las maravillas de la técnica viene acompañado, en muchos casos, de una penuria espiritual. Hoy, como entonces, el Evangelio no está presente en la vida cultural y social.
¿Cómo hacer llegar al mundo actual «la palabra de salvación» de Cristo?
En el marco de nuestro Plan Arquidiocesano de Pastoral debemos profundizar el aspecto misionero de la teología paulina. La figura misionera de San Pablo será nuestra guía.
El ejemplo de Pablo, su método pastoral y su doctrina siguen siendo un faro luminoso para nosotros. Pablo es un modelo.
Por eso los aliento a leer y meditar, a lo largo del año, las Cartas de San Pablo, que son testigos vivientes de su acción y de su pensamiento.
El año paulino es, pues, un año de gracia para renovar nuestro espíritu misionero.
Este año no debe ser una actividad más, sino la vivencia y profundización de ese espíritu misionero que debe iluminar nuestras vidas y nuestras comunidades.
3. Pablo se presenta como “Servidor de Jesucristo, llamado para ser Apóstol, y elegido para anunciar la Buena Noticia de Dios” (Rom. 1,1).
Servidor de Jesucristo indica una relación de pertenencia total e incondicional. Jesucristo es el centro de su vida: “Para mí la vida es Cristo” (Fil. 1,21). En términos de Aparecida diríamos: Pablo es discípulo de Jesucristo. De aquí deriva para nosotros una lección muy importante: lo que vale es poner en el centro de la propia vida a Jesucristo.
Pablo es consciente de ser «Apóstol por vocación» o sea, no por auto candidatura, ni por encargo humano, sino sólo por un llamado y elección divina. Él fue elegido para anunciar el Evangelio de Dios: para ser misionero, diría Aparecida.
Así servidor y apóstol equivalen a discípulo misionero. Porque es discípulo es misionero: “Si anuncio el Evangelio, no lo hago para gloriarme: al contrario, es para mí una necesidad imperiosa. ¡Ay de mí si no predicara el Evangelio!” ( 1 Cor. 9,16).
Quiera el Señor alimentar en nosotros y en nuestras comunidades este espíritu misionero que no descanse frente a las urgencias del anuncio evangélico en el mundo de hoy. La Iglesia es misionera por naturaleza, su deber primario es la evangelización. Al inicio de este tercer milenio, la Iglesia siente que el mandato misionero de Cristo es más actual que nunca. Recientemente nos lo recuerda el Documento de Aparecida: “No podemos desaprovechar esta hora de gracia. ¡Necesitamos un nuevo Pentecostés! ¡Necesitamos salir al encuentro de las personas, familias, las comunidades y los pueblos para comunicarles y compartir el don del encuentro con Cristo… No podemos quedarnos tranquilos en espera pasiva en nuestros templos, sino urge acudir en todas las direcciones…” (Nº 548).
4. Este Año Paulino, siendo una oportunidad para conocer el “alma” de San Pablo y profundizar en el contenido de sus cartas, es también un tiempo providencial para exaltar la vida sobrenatural en el corazón de cada fiel cristiano.
Este año, seguramente será ocasión para una sincera conversión del corazón, de ascesis laboriosa, de arrepentimiento por las debilidades humanas, de constante vigilancia de la propia fragilidad.
Sin lugar a dudas intensificaremos nuestra vida de oración, invocando la intercesión de Pablo -que junto al Apóstol Pedro, son columnas de nuestra Iglesia católica, apostólica, romana- por todas las necesidades de nuestro Tucumán y nuestra Patria, sin olvidar de orar también por la Iglesia universal, para que cese el sufrimiento de la división y llegue el momento tan ansiado de la unidad de los cristianos.
En el marco de este Año Paulino, para secundar este camino de conversión y renovado compromiso misionero, el Papa Benedicto XVI ha querido conceder el don de la Indulgencia Plenaria, que se podrá ganar cumpliendo ciertas condiciones generales y participando de algunas de las celebraciones prescriptas. Les adjunto el Decreto donde se determinan los días y lugares para ello.
Los acompaño con el saludo de San Pablo a los cristianos de Éfeso: “llegue a todos los hermanos la paz, el amor y la fe, que proceden de Dios, el Padre, y del Señor Jesucristo” (Ef. 6,23).
San Miguel de Tucumán, 27 de junio de 2008.