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Capítulo Primero

Alentar un estilo misionero en la pastoral orgánica, en especial desde la Parroquia

Mucho de lo que aquí digo ya lo he escrito en otras oportunidades. Pero me parece que es mi deber retomar algunos temas, volver sobre ellos, porque quizás no han sido entendido del todo y por todos.

Ahora quiero acercarme a la parroquia.

El propósito es proporcionar a los agentes pastorales de las parroquias (sacerdotes, consagrados, consagradas y laicos) un instrumento que les permita reflexionar, revisar y decidir sobre cauces y  acciones para una pastoral misionera. No se trata de hacer una misión, sino de tener una pastoral misionera.

Lo que aquí presentamos son sugerencias que deberán ser enriquecidas por los cristianos de cada parroquia: son ellos los que asumen corresponsablemente la tarea de revitalizarla y convertirla en misionera.

 

1. La parroquia, comunidad cercana

La parroquia es la Iglesia entre la gente; es la Iglesia vecina a la gente; es la Iglesia que vive entre las casas de sus hijos; es la presencia de la Iglesia en el barrio. Parroquia significa Iglesia en la vida cotidiana, junto a las casas.

La parroquia no es entonces una Iglesia de elites, para algunos afortunados o que tienen dotes especiales. La parroquia es una iglesia accesible a todos, capaz de dialogar con toda la gente, que vive la experiencia de la gente.

Éste es el programa pastoral de toda parroquia. Es lo que debe conducir el compromiso de los sacerdotes, de los laicos, de los consagrados, de los diversos grupos y movimientos, de los consejos pastorales, de todos los agentes de pastoral: cada uno según su don de gracia.

La comunidad parroquial no debe realizar encuentros sólo con los "propios". Debe abrirse a todos. Realizar encuentros con la gente del barrio. Debe mantener un diálogo con las diversas realidades sociales y culturales.

Parroquia, iglesia entre la gente, significa Iglesia vecina a las casas, a las familias, a los esposos; a los niños y a los jóvenes, integrándolos en sus grupos; a los ancianos; a los enfermos, con la pastoral del alivio y con el sacramento de los enfermos; vecina a los pecadores con el sacramento de la penitencia; vecina a todos los cristianos con la Misa dominical y el sacramento de la Eucaristía; vecina a los que nacen, con el sacramento del Bautismo; vecina a los pobres, con la atención de Cáritas; vecina a los vecinos, visitándolos en sus casas con los misioneros parroquiales. Parroquia vecina a los geriátricos y a los clubes. Vecina a las sociedades de fomento y a los Centros de Jubilados. Vecina a los talleres y a las fábricas. Vecina a las escuelas y a la feria de su barrio. La parroquia debe recuperar la fiesta patronal como la fiesta del barrio.

 

2. La parroquia, comunidad de santidad popular

En el capítulo 21 del Evangelio de San Juan se relata la pesca milagrosa. Señalo el versículo que dice: "Simón Pedro subió a la barca y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: eran ciento cincuenta y tres y, a pesar de ser tantos, la red no se rompió" (Jn. 21,11).

Los "ciento cincuenta y tres peces" son un signo de plenitud, de totalidad. Y se dice que la red no se rompió. Esto significa que la iglesia es capaz de abrazar a todos, que tiene lugar para todos. La Iglesia no es una red hecha para un pequeño grupo, es una iglesia capaz de abrazar a toda la gente y a todas las categorías de personas. Esto es bueno recordarlo siempre.

Ha sucedido en la historia de la Iglesia que muchos cristianos, de frente a la sublimidad de los preceptos evangélicos, estuvieron tentados de construir una iglesia para algunos grupos especiales. Ponían ciertas exigencias, sin las cuales la gente no era admitida. Se pedía una formación especial, un compromiso de vida. Sin duda, detrás de esta actitud está la buena voluntad de expresar la altura y la grandeza de la Iglesia de Cristo. Pero la imagen de la red nos muestra una Iglesia que, sin quitar nada de las exigencias del Evangelio, está abierta a todos: a los pequeños, a los menos formados, a los que tienen una fe incipiente. Una Iglesia que requiere de los pastores, de los agentes de pastoral un corazón grande, una gran comprensión, una capacidad de misericordia, para no apagar la mecha que arde.

La parroquia debe preocuparse de la gente sencilla, de los que sufren, de aquellos que no pueden dar razón de su fe, que no pueden dar una respuesta intelectual, pero son capaces de dejarse contagiar por la llama de la caridad, de la simpatía, de la bondad, de la acogida que se les da.

La parroquia es la posibilidad de la santidad popular ofrecida a todos y a cada uno de sus hijos: ancianos, jóvenes, enfermos, intelectuales y gente con poca formación, ricos y pobres. Cada uno, sea lo que fueren sus dones naturales o de gracia; sus condiciones sociales y humanas; cualquiera sea su carácter o su historia está llamado a vivir la plenitud de la gracia: la santidad.

 

3. La parroquia en la diócesis

Debemos ubicar a la parroquia dentro de la Iglesia particular. La parroquia no es una “microdiócesis”. La parroquia no se basta a sí misma para realizar sola la evangelización. La parroquia no puede recorrer sola el itinerario de la evangelización. Debe integrarse a la pastoral arquidiocesana.

La parroquia es una célula de nuestra Iglesia arquidiocesana, que es la comunidad eclesial plena, y de ella recibe su eclesialidad. La parroquia nace y se alimenta de la vida arquidiocesana.

Esto significa que la parroquia, como las restantes comunidades eclesiales, sólo se puede entender en referencia permanente a la Iglesia diocesana.

Para participar en la misión de la Iglesia diocesana, las parroquias deben, ante todo, aceptar y cooperar en las directrices y planes  pastorales sancionados por el obispo. La parroquia adquiere y demuestra su eclesialidad plena cuando actúa dentro de la programación diocesana.

Recordemos que la diócesis es, propiamente, el sujeto de la evangelización: “La Diócesis presidida por el Obispo, es el primer ámbito de la comunión y la misión. Ella debe impulsar y conducir una acción pastoral orgánica renovada y vigorosa, de manera que la variedad de carismas, ministerios, servicios y organizaciones se orienten en un mismo proyecto misionero para comunicar vida en el propio territorio. Este proyecto, que surge de un camino de variada participación, hace posible la pastoral orgánica, capaz de dar respuesta a los nuevos desafíos. Porque un proyecto sólo es eficiente si cada comunidad cristiana, cada parroquia, cada comunidad educativa, cada comunidad de vida consagrada, cada asociación o movimiento y cada pequeña comunidad se insertan activamente en la pastoral orgánica de cada diócesis. Cada uno está llamado a evangelizar de un modo armónico e integrado en el proyecto pastoral de la Diócesis” (Documento de Aparecida, 169).

En la vertebración de nuestra pastoral arquidiocesana desempeñan una función importante los Decanatos que, por ser ámbitos más reducidos y cercanos a las parroquias, se van configurando como un lugar privilegiado para desarrollar una pastoral de conjunto planificada  y con una intencionalidad misionera.

 

4. La parroquia, comunidad misionera

Es necesario, es urgente, que nos orientemos hacia una pastoral misionera en nuestra diócesis. Como dice el Documento de Aparecida: “No podemos desaprovechar esta hora de gracia! ¡Necesitamos un nuevo Pentecostés! Necesitamos salir al encuentro de las personas, las familias, las comunidades y los pueblos para comunicarles y compartir el don del encuentro con Cristo... No podemos quedarnos tranquilos en espera pasiva en nuestros templos, sino urge acudir en todas las direcciones...” (nº 548).

Los cambios operados en la sociedad y en la misma Iglesia están exigiendo de nosotros una respuesta pastoral generosa, dinámica, creativa y misionera.

Tenemos que reconocer que una inmensa cantidad de cristianos solamente ha recibido la catequesis de niños y los sacramentos de la iniciación, pero luego no han tenido una vida cristiana práctica ni una participación activa en la vida de la Iglesia.

Han sido bautizados pero no evangelizados.

Como los discípulos de Emaús, después de haberse encontrado con el Señor Resucitado, debemos partir en busca de nuestros hermanos alejados y testimoniarles que Cristo está vivo.
Pongámonos en camino.

 

Para reflexionar

Propongo algunas preguntas para que respondan, dialogando, los agentes de pastoral de la comunidad.