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Capítulo Tercero: Una evangelización misionera
La vocación propia de la Iglesia y su identidad más profunda consiste en evangelizar, nos decía el Papa Pablo VI en el nº 14 de Evangelii Nuntiandi. Por consiguiente, la misión de la parroquia es evangelizar.
Más concretamente, una evangelización misionera exige:
- Acompañar y sostener a los creyentes débiles y alejados.
- Ayudar a los que están alejados a reiniciar un camino de fe que los lleve de nuevo a la experiencia cristiana.
- Esforzarse por hacer presentes y operativos los valores del Reino en la sociedad.
Líneas operativas para una pastoral misionera
Sin pretender agotar todas las posibilidades, sugiero algunas líneas operativas para una pastoral misionera:
1. Discípulos-misioneros
Es imprescindible despertar y potenciar en todos los procesos catequísticos y formativos la vocación misionera de todos los bautizados. “La vocación cristiana es, por su misma naturaleza, también vocación al apostolado”[2]. Todo proceso catequístico debe pretender lograr que cada cristiano-discípulo sea también un cristiano-misionero.
2. El testimonio
El testimonio supone un estilo de vida evangélico que despierte preguntas. “A través de este testimonio sin palabras, estos cristianos hacen plantearse, a quienes contemplan su vida, interrogantes irresistibles: ¿Por qué son así? ¿Por qué viven de esa manera? ¿Qué es o quién es el que los inspira?”[3].
Estaríamos haciendo poco si no promovemos el valor del testimonio en la vida personal, grupal y comunitaria. Este testimonio ha de ser exigido, sobre todo, a quienes toman parte activa en la parroquia.
3. Proyecto misionero
En la vida parroquial no siempre se puede improvisar: hay que elaborar, poco a poco, e ir desarrollando un proyecto misionero.
Este proyecto o plan misionero supone concretar acciones dirigidas a sectores alejados de la práctica cristiana, suprimir o purificar lo que resulta superfluo o contraproducente para la acción evangelizadora.
4. Parroquia acogedora
Sabemos que la mayoría de nuestra población, de manera casi natural, acude a la parroquia en los momentos claves de la existencia (nacimiento, matrimonio, enfermedad, muerte). Esta demanda ofrece una gran oportunidad para evangelizar a los alejados. Se lo podrá hacer más eficientemente y con más frutos en la medida en que se desarrolle un estilo de parroquia acogedora, donde todos puedan encontrarse como en su casa.
5. Una parroquia entre la gente
Para acercar la parroquia a la vida de las personas, el Documento de Aparecida plantea una sectorización de la parroquia que permita proximidad y vecindad y un servicio más eficaz[4]. Notemos que esto coincide con lo que proponemos en nuestra Plan Arquidiocesano de Pastoral: dividir la parroquia en zonas “que sirven para descentralizar la parroquia y favorecen el conocimiento entre las personas y la participación de los fieles”[5]. En cada zona hay un Coordinador que se reúne con los misioneros de ese territorio cada tres meses. Los misioneros o mensajeros parroquiales “son los encargados de visitar las casas, al menos, una vez por mes. Su misión es hacer que la información y consulta llegue a todos en forma personalizada y eficaz… Los misioneros pueden cumplir tres tareas principales:
- Tarea informativa sobre la vida y actividades de la comunidad parroquial.
- Tarea asistencial: detectar enfermos, niños sin bautizar o sin catequizar, gente necesitada de ayuda espiritual o material.
- Tarea evangelizadora: formación de grupos de oración o círculos bíblicos en las casas[6].
Al visitar los hogares los misioneros llevarán la hoja o el boletín parroquial.
Un modo de acercar la parroquia a todos los habitantes del territorio parroquial puede ser también la FM de la zona. Es muy importante que cada parroquia tenga un programa semanal en una FM del barrio. Por medio de la radio, la parroquia puede entrar en muchas casas, no sólo llevando noticias de la vida parroquial, sino haciendo una verdadera catequesis.
Esta es una tarea típicamente laical. Para ello se debería capacitar un equipo de laicos de la comunidad.
6. Una parroquia que vive las realidades de su comunidad
La parroquia –por medio de los laicos- para poder ofrecer el misterio de la salvación, debe integrarse en el barrio o en la localidad. Esto significa: insertarse en todos los grupos humanos de su territorio con el mismo afecto con que Cristo se unió, por su encarnación, a las condiciones sociales y culturales de los hombres con quienes convivió.
Pensemos en las escuelas y colegios, en los centros de salud, en los clubes deportivos y sociales, en los hogares de ancianos, en los centros de jubilados, en las comisarías, etc. etc.
7. Nuevas capillas
“La renovación que hoy la Parroquia necesita, exige… una modificación operativa” que lleve a “expandir la presencia física de la parroquia a toda su jurisdicción… mediante la multiplicación de capillas”[7].
Es evidente que la comunidad parroquial no llega a todos los habitantes de su territorio. Una comunidad misionera es una comunidad capaz de multiplicar, mediante la creación de capillas, su presencia física en las zonas menos atendidas.
Pensemos que la mayoría de las parroquias comenzaron como capillas, gracias al espíritu misionero de una comunidad vecina.
La extensión geográfica de nuestras parroquias es muy grande; igualmente lo es la densidad poblacional de muchas de ellas. Cada comunidad parroquial conoce perfectamente las zonas donde no llega la influencia de su pastoral. Esas “zonas de nadie” son, precisamente, caldo de cultivo para las sectas.
Por eso, es pastoralmente urgente, la multiplicación de capillas. Esto significa: crear capillas en los lugares adonde no llega la presencia y la acción de la parroquia.
Para ello sugiero:
- Estudiar en el Consejo Pastoral Parroquial la realidad socio-pastoral de la parroquia para detectar las zonas menos atendidas y arbitrar los medios para poder levantar una capilla.
- Prestar atención a la formación de barrios nuevos y prever a tiempo el modo de obtener un terreno para una futura parroquia.
Para reflexionar I
¿Nos hemos preguntado alguna vez sobre la realidad concreta de nuestra parroquia? ¿Sabemos cómo es y cómo son los que en ella habitan? Veámoslo:
1. ¿Cuántos habitantes tiene la parroquia?
2. ¿Qué porcentaje de los mismos participan de la Misa dominical?
3. Y, entre estos practicantes, ¿cuál es la proporción por sexos y por edades?
4. Desde una perspectiva evangelizadora, ¿cómo catalogaríamos a nuestra parroquia?:
- nada misionera,
- algo misionera,
- bastante misionera,
- muy misionera.
5. ¿Creemos que el estilo y el ambiente de la parroquia son una imagen atractiva y convincente para los alejados?
6. ¿Cuáles son los principales obstáculos que impiden que nuestra parroquia sea un signo transparente del Evangelio?
Buscando cauces de renovación
A partir de lo que actualmente existe y se hace en nuestra parroquia:
1. ¿Qué habría que transformar para que nuestra comunidad sea más misionera?
2. ¿Qué iniciativas habría que adoptar para convertir en misionera nuestra parroquia?
3. ¿Qué sectores humanos (niños, jóvenes, adultos, familias, ancianos, enfermos, etc.), necesitarían una acción evangelizadora preferencial?
4. ¿Con qué agentes pastorales cuenta nuestra parroquia para emprender una acción misionera?
5. ¿Qué podríamos hacer para lograr que el mayor número de bautizados se convierta en misioneros?
6. ¿Qué ponemos de nuestra parte para llegar a los que están más alejados?
Para reflexionar II
Proponemos algunas preguntas para dar cauce al diálogo entre los agentes de pastoral:
- ¿Hay en la parroquia una preocupación por llegar a los alejados y a los más débiles en la fe?
- ¿Está suficientemente presente esta preocupación en todos los procesos catequísticos y formativos?
- ¿Se ha hecho alguna vez un plan misionero en la parroquia?
- ¿El estilo de la parroquia resulta familiar y acogedor para toda la gente?
- ¿Se preocupa la parroquia de dar a conocer sus actividades al mayor número posible de personas?
- ¿Se hace presente la parroquia en la vida y en las instituciones del territorio?
- ¿Cuáles deben ser las líneas operativas principales de una pastoral misionera?
- ¿Qué acciones concretas nos parecen más urgentes para potenciar en nuestra parroquia una pastoral misionera?
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