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Capítulo Sexto:
El estilo de vida evangélico

Evangelio de San Mateo

"A estos Doce, Jesús los envió con las siguientes instrucciones: «No vayan a regiones paganas, ni entren en ninguna ciudad de los samaritanos. Vayan, en cambio, a las ovejas perdidas del pueblo de Israel. Por el camino, proclamen que el Reino de los Cielos está cerca. Curen a los enfermos, resuciten a los muertos, purifiquen a los leprosos, expulsen a los demonios. Ustedes han recibido gratuitamente, den también gratuitamente. No lleven encima oro ni plata, ni monedas, ni provisiones para el camino, ni dos túnicas, ni calzado, ni bastón; porque el que trabaja merece su sustento.

Cuando entren en una ciudad o en un pueblo, busquen a alguna persona respetable y permanezcan en su casa hasta el momento de partir. Al entrar en la casa, salúdenla invocando la paz sobre ella. Si esa casa lo merece, que la paz descienda sobre ella; pero si es indigna, que esa paz vuelva a ustedes. Y sí no los reciben ni quieren escuchar sus palabras, al irse de esa casa o de esa ciudad, sacudan hasta el polvo de sus pies. Les aseguro que en el día del Juicio, Sodoma y Gomorra serán tratadas menos rigurosamente que esa ciudad.

Yo los envío como a ovejas en medio de lobos: sean entonces astutos como serpientes y sencillos como palomas.

Cuídense de los hombres, porque los entregarán a los tribunales y los azotarán en sus sinagogas. A causa de mí, serán llevados ante los gobernadores y reyes, para dar testimonio delante de ellos y de los paganos. Cuando los entreguen, no se preocupen de cómo van a hablar o qué van a decir: lo que deban decir se les dará a conocer en ese momento, porque no serán ustedes los que hablarán, sino que el Espíritu de su Padre hablará en ustedes.

El hermano entregará a su hermano para que sea condenado a muerte, y el padre a su hijo; los hijos se rebelarán contra sus padres y los harán morir. Ustedes serán odiados por todos a causa de mi Nombre, pero aquel que persevere hasta el fin se salvará. Cuando los persigan en una ciudad, huyan a otra, y si los persiguen en esta, huyan a una tercera. Les aseguro que no acabarán de recorrer las ciudades de Israel, antes de que llegue el Hijo del hombre.

El discípulo no es más que el maestro ni el servidor más que su dueño. Al discípulo le basta ser como su maestro y al servidor como su dueño. Si al dueño de casa lo llamaron Belzebul, ¡cuánto más a los de su casa! No les teman. No hay nada oculto que no deba ser revelado, y nada secreto que no deba ser conocido.

Lo que yo les digo en la oscuridad, repítanlo en pleno día; y lo que escuchen al oído, proclámenlo desde lo alto de las casas. No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman más bien a aquel que puede arrojar el alma y el cuerpo a la Gehena. ¿Acaso no se vende un par de pájaros por unas monedas? Sin embargo, ni uno solo de ellos cae en tierra, sin el consentimiento del Padre que está en el cielo. Ustedes tienen contados todos sus cabellos. No teman entonces, porque valen más que muchos pájaros. Al que me reconozca abiertamente ante los hombres, yo lo reconoceré ante mi Padre que está en el cielo. Pero yo renegaré ante mi Padre que está en el cielo de aquel que reniegue de mí ante los hombres»” (Mt. 10,5-33).

En este capítulo san Mateo nos trae el discurso misionero que es una instrucción a los misioneros, es una especie de "manual" del misionero. Es todo un "programa' de apostolado misionero.

En la enseñanza de Jesús el punto central es el "estilo de vida evangélico" que deben tener los misioneros. La mayor insistencia de Jesús es sobre cómo los discípulos deben comportarse.

Jesús no insiste tanto en lo que se debe decir, como en el "modo", en el "estilo de vida" de los misioneros. Este es el primer mensaje que hay que dar a los otros.

Frecuentemente olvidamos esto y nos hacemos muchas preguntas sobre qué decir, cómo traducir el mensaje con palabras de hoy, etc. La cosa es bastante simple.

Lo importante para que el discípulo sea creíble, es su estilo de vida.

Es necesario partir de un estilo de vida "evangélico". Los contenidos profundos del Reino tienen que ser reflejados en el estilo de vida de los misioneros.

En la enseñanza de Jesús, el estilo de vida del misionero comporta las siguientes actitudes, claras y necesarias.

a) Ternura y compasión por los más débiles

"Por el camino, proclamen que el Reino de los Cielos está cerca. Curen a los enfermos, resuciten a los muertos, purifiquen a los leprosos, expulsen a los demonios" (Mt. 10,7-8).

Jesús recomienda a los misioneros una atención preferencial, una ternura activa por los enfermos, los pobres, los leprosos, los endemoniados. La preferencia por los más débiles es el mejor testimonio de la misericordia de Dios.

San Mateo remarca este aspecto, enlazando directamente la llamada y la misión de los Doce con la compasión de Jesús por la muchedumbre: “Jesús recorría todos las ciudades y los pueblos, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias. Al ver a la multitud, tuvo compasión, porque estaban fatigados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: «La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para su cosecha»”(Mt. 9,35-38).

El misionero debe tener preferencia por:

b) Gratuidad y disponibilidad; sobriedad y pobreza

'“Ustedes han recibido gratuitamente, den también gratuitamente. No lleven encima oro ni plata, ni monedas, ni provisiones para el camino, ni dos túnicas, ni calzado, ni bastón; porque el que trabaja merece su sustento" (Mt. 10,8b-10).

El comportamiento de los discípulos debe basarse en la sobriedad, en la austeridad, en la pobreza.

La Misión debe desarrollarse en un clima de gratuidad y de disponibilidad.

Los discípulos deben estar dispuestos a dar todo, sin pedir nada a cambio. El Reino, precisamente, consiste en el amor gratuito con que Dios se pone a disposición del hombre.

Notemos que el Evangelio no niega el uso de los medios para la evangelización. Pero lo que nos advierte es no hacer de los medios un ídolo.

No creer que porque hay más medios, hay mejores resultados: más dinero = mejor resultado; más medios de comunicación = mejores resultados.

El Evangelio nos advierte: no hacer de los medios un fin.

El Evangelio quiere que el misionero ponga su confianza en Dios:

c) Ser débil para ser fuerte

"Yo los envío como a ovejas en medio de lobos” (Mt.10,16).

En la sociedad actual, en la época de los mass-media, sobresale el que grita más fuerte, el que es más fuerte, el que tiene poder.

Pero Jesús dice que somos ovejas en medio de lobos. La oveja se siente débil, vulnerable.

No se trata de dejarse llevar del miedo. El sentido del Evangelio es otro. Significa no confundir la fuerza del Evangelio con la fuerza de uno mismo.

El Evangelio nos enseña que la fe cuenta con la potencia de Dios y no del hombre. Es lo que afirma san Pablo: "Porque cuando soy débil, entonces soy fuerte" (2 Cor. 12,10).

El coraje, la fuerza me viene de Dios, es un don del Espíritu Santo: "Recibirán la fuerza del Espíritu Santo que descenderá sobre ustedes" (Hech.1,8).

El misionero pone su fuerza en el Señor:

d) Dispuestos a llevar la cruz

"Cuídense de los hombres, porque los entregarán a los tribunales y los azotarán en sus sinagogas. A causa de mí, serán llevados ante los gobernadores y reyes, para dar testimonio delante de ellos y de los paganos... Ustedes serán odiados por todos a causa de mi Nombre, pero aquel que persevere hasta el fin se salvará. Cuando los persigan en una ciudad, huyan a otra, y si los persiguen en ésta, huyan a una tercera. Les aseguro que no acabarán de recorrer las ciudades de Israel, antes de que llegue el Hijo del hombre" (Mt.10,17-18; 22-23).

Los discípulos deben ser conscientes de las dificultades.

Todos los evangelistas preanuncian las posibles dificultades que los discípulos encontrarán. La persecución será una característica inseparable de la misión. Hay que saber afrontarla. El discípulo, como el Maestro, tendrá que sufrir y ser rechazado.

Jesús enseña a sus discípulos que deben esperar dolores y persecuciones, siguiendo la suerte del Maestro (ver Mt. 10,17-23); pero no deben tener miedo: el Espíritu Santo hablará por ellos (ver Mt. 10,19-20); y el Padre los protegerá (ver Mt. 10,24-31). Ellos deben solamente preocuparse de ser fieles públicamente y valientes ante las exigencias radicales del Evangelio y la cruz de Jesús (ver Mt.10,32-39).

El misionero no se desalienta:

e) Tener paz y seguridad

"Cuando los entreguen, no se preocupen de cómo van a hablar o qué van a decir: lo que deban decir se les dará a conocer en ese momento, porque no serán ustedes los que hablarán, sino que el Espíritu de su Padre hablará en ustedes" (Mt.10,19-20).

Jesús aquí quiere sacarnos la ansiedad, que también puede ser "ansiedad apostólica".

Jesús, que conoce bien nuestras ansiedades, viene en nuestra ayuda.

En este caso, se refiere a una situación concreta: cuando los discípulos sean llevados a los tribunales.
Pero el "no se preocupen” tiene un alcance mucho más grande.
"No se preocupen" Jesús nos dice cinco veces en el Sermón de la Montaña:

Jesús dice a los misioneros: no sean ansiosos, no se preocupen, no se inquieten, no se angustien por la Misión.

La angustia nos quita fuerza, alegría, entusiasmo, nos cierra el corazón, nos paraliza. Lo que importa es tener confianza en el Padre. Es el Padre el que cuida de los misioneros y el que cuida de la Misión.

Es importante superar la ansiedad que tanto nos pesa.

No se puede comunicar el Evangelio mostrando ansiedad, miedo, temor de que las cosas no salgan, lamentándonos por las condiciones adversas de la sociedad o por las limitaciones de la comunidad. Eso es un antitestimonio.

San Agustín nos da una regla básica del apóstol: "catequizar con alegría".
Entonces el cómo evangelizar debe nacer de la alegría del Evangelio vivido, que se trasparenta en la serenidad interior, en la paz y en la confianza en Dios que tiene el apóstol.

El misionero tiene certeza en el éxito: