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Homilía pronunciada por Mons. Luis Villalba
en la Misa de celebración de los 150 años
de la fundación de la Congregación de las Hermanas Adoratrices
(4 de marzo de 2005)

 

Queridos hermanos y hermanas:

1. Con esta Misa comenzamos la celebración de los 150 años de fundación de la Congregación de las Hermanas Adoratrices Esclavas del Santísimo Sacramento y de la Caridad.

Queremos, ante todo, dar gracias al Señor por el don de la Congregación a la Iglesia y al mundo. La vida religiosa es un don que el Espíritu concede a su Iglesia.

La Congregación de las Adoratrices está en la diócesis de Tucumán desde el año 1928, dedicada a la adoración a Jesús presente en la Eucaristía, a la promoción de la mujer y a la educación.

Quiero agradecer a la Congregación el servicio que prestaron a lo largo de estos casi 80 años y el que siguen prestando a la sociedad tucumana y a la Iglesia.

En particular les agradezco su disponibilidad a la diócesis y su atención a los sacerdotes y a nuestros Seminarios.

Como sabemos, las Hermanas Adoratrices fueron fundadas por Santa María Micaela, que nació en Madrid el 1 de enero de 1809.

Santa María Micaela ya desde joven se distinguió por su celo apostólico y por su caridad. Albergaba en su casa a niñas pobres, curaba a los enfermos y repartía ropa y alimentos.

También visitaba en Madrid el Hospital de San Juan de Dios, en donde conoció la desdicha de jóvenes que habían caído en la prostitución. Entonces pensó en crear casas para ayudarlas. En 1845 funda el Colegio de María Santísima de los Desamparados. Años más tarde, en 1850, abandona su casa para ponerse al frente del Colegio. En 1856 funda la Congregación que llamó Adoratrices y Esclavas del Santísimo Sacramento y de la Caridad.

El 24 de agosto de 1865 Santa María Micaela muere durante una epidemia de cólera. Fue beatificada en 1925 y canonizada en 1934 por el Papa Pío XI.

2. Santa Micaela tenía un gran amor a la Eucaristía. Pasaba lagas horas delante del Sagrario, de donde sacaba fuerzas para su obra. En una oportunidad dijo: “La mayor pena que puedo soportar, el mayor sacrificio que puedo hacer, es no recibirlo en la Comunión. Creo que si esa pena durase tres días hubiera muerto. En quince años no he dejado de recibirla jamás”.

Santa María Micaela vive de la Eucaristía. La llamaban Madre Sacramento. Entonces se entiende por qué quiso llamar a la Congregación Adoratrices y Esclavas del Santísimo Sacramento .

La adoración es la primera acritud del hombre que se reconoce criatura ante su Creador. “Adorarás al Señor y sólo a él darás culto” ( Lc . 4,8), dice Jesús citando el Deuteronomio (6,13).

En el Salmo rezamos: “¡Entren, inclinémonos para adorarlo! ¡Doblemos la rodilla ante el Señor que nos creó! Porque él es nuestro Dios, y nosotros el pueblo que él apacienta, las ovejas conducidas por su mano” ( Sal. 95,6-7).

Adorar a Dios es reconocer la nada del hombre, que sólo existe por Dios. Adorar a Dios es alabarlo, exaltarle y humillarse a sí mismo, como María en el Magníficat, confesando que Él ha hecho grandes cosas y que su nombre es santo (cf. Lc. 1,46-49).

La adoración a Dios libera al hombre del encerrarse en sí mismo, de la esclavitud del pecado y de la idolatría del mundo.

3. Este año, en que festejamos los 150 años de la Congregación de las Adoratrices, celebramos, providencialmente, un año especial de la Eucaristía. El Papa nos pide que este año esté dedicado a vivir, especialmente, el misterio de la Santísima Eucaristía.

La Eucaristía es el tesoro más grande de la Iglesia. Como dice el Concilio Vaticano II, en ella se contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, a saber, Cristo mismo, nuestra Pascua y Pan Vivo que da la vida a los hombres (cf. Decreto sobre la vida y ministerio sacerdotal, Presbyterorum Ordinis, 5).

Cristo está presente en la Eucaristía. Nosotros creemos que bajo las especies eucarísticas está real y sustancialmente presente Jesús. Por eso la fe nos pide que, ante la Eucaristía , seamos conscientes de que estamos ante Cristo mismo. La Eucaristía es el misterio de la presencia sacramental de Jesús. Por eso la Iglesia nos enseña a adorar al Señor presente en la Eucaristía , incluso fuera de la Misa.

El Papa nos dice que “La presencia de Jesús en el tabernáculo ha de ser como un polo de atracción para un número cada vez mayor de almas enamoradas de Él, capaces de estar largo tiempo como escuchando su voz y sintiendo los latidos de su corazón” . Y continúa el Santo Padre: “La adoración eucarística fuera de la Misa debe ser durante este año un objetivo especial para las comunidades religiosas y parroquiales” (Mane nobiscum Domine, 18).

Justamente el Papa pide a los religiosos y religiosas, que por su consagración están llamados a una contemplación más prolongada, que este año de la Eucaristía lo dediquen a incrementar la adoración eucarística fuera de la Misa.

Esta es, precisamente, la vocación de las Hermanas Adoratrices del Santísimo Sacramento.

En esta Misa damos gracias a Dios por los 150 años de la Congregación de las Hermanas Adoratrices y, a la vez, pedimos al Señor, por intercesión de santa María Micaela, por las necesidades de la Congregación, por todas las hermanas y para que tengan abundantes vocaciones.

Que así sea.