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Homilía de Mons. Luis Villalba
en la Misa de apertura del año lectivo
en el Seminario Mayor
(7 de marzo de 2005)

 

Queridos Hermanos:

1. Con la celebración de la Santa Misa damos comienzo al nuevo año en nuestro Seminario Mayor. Quiero dar la bienvenida a todos y, especialmente, a los jóvenes que se incorporan al Seminario.

El Seminario es una casa de formación. Formación humana, espiritual, intelectual y pastoral. En el Seminario toda la educación debe tender a la formación de verdaderos pastores de las almas, a ejemplo de nuestro Señor Jesucristo, Maestro, Sacerdote y Pastor (Cf. Decreto sobre la vida y ministerio sacerdotal, Presbyterorum Ordinis, 4).

La formación es entrar con el alma y el cuerpo en la escuela de Jesucristo. Así llegarán a ser verdaderos discípulos del Señor: “ Con mucha humildad, mansedumbre y paciencia, sopórtense mutuamente por amor. Traten de conservar la unidad del Espíritu mediante el vínculo de la paz ” (Ef. 4,2-3). El Apóstol nos hace conocer con estas palabras qué tipo de discípulo de Cristo es él y cómo debe ser todo discípulo.

Invoquemos al Espíritu de Verdad para que podamos comportarnos de manera digna de la vocación que hemos recibido.

2. El seminarista está llamado a vivir íntimamente a Jesucristo.

Para ello debe buscar siempre al Señor. El documento del Concilio Vaticano II sobre la formación sacerdotal dice: “Enséñeseles a buscar a Cristo” ( Optatam Totius, 8). Recordemos a los primeros discípulos que siguen a Jesucristo. El evangelista Juan dice que Jesús se dio vuelta y, viendo que lo seguían, les preguntó: “¿Qué buscan? Y los dos respondieron: “Rabbí –que traducido significa Maestro- ¿Dónde vives?”. Prosigue el Evangelista: “ «Vengan y verán», les dijo. Fueron, vieron donde vivía y se quedaron con él ese día ” ( Jn. 1,37-39).

La vida del que se prepara al sacerdocio debe estar marcada por esta búsqueda y por el encuentro con el Señor, para seguirlo, para estar en comunión con Él.

Ahora bien, al Señor lo encontramos, sobre todo, en la Eucaristía. El documento del Concilio Vaticano II sobre la formación sacerdotal, refiriéndose a los seminaristas, dice: “Enséñeseles a buscar a Cristo… en la activa comunicación con los sacrosantos misterios de la Iglesia , sobre todo en la Eucaristía ” ( Optatam Totius , 8).

La Eucaristía es el lugar privilegiado para el encuentro con Cristo vivo.

Este encuentro con el Señor en la Eucaristía está sugerido en el relato de la aparición del Resucitado a los dos discípulos de Emaús, donde dice: “Cuando llegaron cerca del pueblo adonde iban, Jesús hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le insistieron: «Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba». El entró y se quedó con ellos. Y estando a la mesa, tomó el pan y pronunció la bendición; luego lo partió y se lo dio. Entonces los ojos de los discípulos se abrieron y lo reconocieron” ( Lc. 24,28-31).

3. Estamos celebrando un año especial de la Eucaristía. El Papa nos pide que este año esté dedicado a vivir, especialmente, el misterio de la Santísima Eucaristía.

Sin sacerdote no hay Eucaristía. El sacerdote es el ministro de la Eucaristía. Esto nos hace comprender la importancia de la Eucaristía para la vida y el ministerio sacerdotal y, por lo tanto. para la formación espiritual de los seminaristas que se preparan para ser sacerdotes.

El Santo Padre, en Pastores dabo vobis, dice: “Es necesario que los seminaristas participen diariamente en la celebración eucarística, de forma que luego tomen como regla de su vida sacerdotal la celebración diaria. Además han de ser educados a considerar la celebración eucarística como el momento esencial de la jornada, al que participarán activamente, sin contentarse nunca con una asistencia meramente habitual” (n° 48).

Los invito a meditar y rezar con detenimiento, en este Año de la Eucaristía, estas palabras del Papa referidas a ustedes los seminaristas.

Juan Pablo II nos dice que deben participar diariamente de la Misa no como algo rutinario, sino siendo el momento esencial de la jornada. Es decir nuestra vida debe tener como eje la celebración Eucarística.

Debemos vivir íntimamente unidos a Jesucristo. La sagrada Liturgia debe ser el momento fuerte de este encuentro con el Señor. Cristo está presente en el celebrante que renueva en el altar el mismo y único sacrificio de la Cruz ; está presente en su palabra, pues cuando se lee en la Iglesia la Sagrada Escritura, es Él quien habla; está presente en la comunidad en virtud de su promesa: “Donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” ( Mt. 18,20); está presente, sobre todo, bajo las especies eucarísticas.

El Papa, al proclamar este año especial dedicado a la Eucaristía , les dice a ustedes: “Me dirijo en particular a ustedes, futuros sacerdotes: en la vida del Seminario traten de experimentar la delicia, no sólo de participar cada día en la Santa Misa , sino también en dialogar reposadamente con Jesús Eucaristía” (Carta para el Año de la Eucaristía , Mane nobiscum Domine , 30). Para vivir fructuosamente este año eucarístico les recomiendo:

•  Esmérense en la participación interior y exterior en la celebración diaria de la Misa

•  Profundicen la educación litúrgica y el conocimiento de cuanto concierne al rito de la Misa. Para ello realicen durante el año una adecuada catequesis litúrgica que los lleve a una participación más plena, piadosa, activa y consciente que se exprese en: la escucha, las respuestas, las aclamaciones, el canto, en los gestos, en respetar los momentos de silencio. Que las mismas expresiones corporales sean un signo de esta participación. La celebración eucarística tiene su estructura, compuesta de palabras, gestos, ritos, oraciones, que se deben conocer, valorizar y respetar.

•  Teniendo presente que la presidencia de la celebración litúrgica corresponde siempre al obispo o al presbítero, tengan en las celebraciones los servicios necesarios para la misma. Entre los ministerios a los que hay que prepararse convenientemente se destacan: el Guía, los animadores del canto y de la música, los Acólitos, los Lectores, el Salmista, los Ministros extraordinarios de la Comunión , el Servicio de la Acogida , los que hacen la colecta

•  Conozcan la normativa que regula la celebración eucarística en los días del año y las posibilidades de elección de la misma: domingos, días festivos, año litúrgico.

•  Incrementen las Visitas al Santísimo Sacramento reservado en el sagrario.

•  Fomenten la adoración ante el Santísimo Sacramento expuesto, según las normas litúrgicas.

 

Queridos seminaristas:

Les recomiendo vivamente, volver a leer y reflexionar, mi Carta Pastoral del año 2001 referida a la Eucaristía,Hagan esto en memoria mía.

Deseo a todos un buen comienzo y una buena disposición hacia los compromisos que deben asumir en el Seminario, para que puedan llegar a la madurez en su formación, conscientes de que depende especialmente de ustedes el futuro de la Iglesia y el bien de las almas.

Que Nuestra Señora de la Merced y San José los acompañen y protejan a lo largo del año.

Que así sea.