Homilía de Mons. Luis Villalba
en la Misa del Domingo de Ramos
(20 de marzo de 2005)
Queridos hermanos:
1. Con la entrada de Jesús en Jerusalén comienza la Semana Santa , la Semana de la Pasión del Señor.
Hoy Jesús hace su entrada en la ciudad santa para cumplir todo lo que había sido anunciado por los profetas.
Jesús entra sentado sobre un asna que le habían prestado, para que se cumpliera la profecía de Zacarías que cita San Mateo en el Evangelio:
“Digan a la hija de Sión, Mira que tu rey viene hacia ti, humilde y montado sobre un asna, sobre la cría de un animal de carga”.
Entonces la gente que también se traslada a Jerusalén con motivo de las fiestas, y que había escuchado las palabras de Jesús y había visto los milagros que realizaba manifiesta su fe mesiánica gritando:
“¡Hosana al hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosana en las alturas!”
Así surge en la entrada a Jerusalén un momento de triunfo:
“Entonces la gente comenzó a extender sus mantos sobre el camino y cortaban ramas de los árboles y lo cubrían con ello”.
Con la bendición de los Ramos en la Plaza y la procesión hasta esta Catedral recordamos este acontecimiento.
En medio de esta alegría, Jesús está recogido y silencioso. Él sabe que en pocos días los “Hosana” y “Bendito en que viene en nombre del Señor” se convertirán en “¡Que sea crucifícalo!”. “¡Que sea crucificado!”
Antes de que Jesús viniese a Jerusalén acompañado por sus discípulos, Juan el Bautista en el Jordán lo había reconocido, pero no gritó “Hosana” sino que dijo “Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Jn. 1, 29).
Jesús al entrar a Jerusalén escucha los gritos de la multitud, pero sus pensamientos están fijos en las palabras del Bautista: “Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”.
2. Hoy leemos la narración de la Pasión que nos trae San Mateo. En ella se nos relata los acontecimientos que Jesús vivirá esta semana en Jerusalén.
Aunque sepamos de memoria este relato, debemos volver a escucharlo. Les recomiendo que en sus casas, en esta Semana Santa vuelvan a meditar la Pasión del Señor.
Jesús es el “Varón de dolores” que nos describió Isaías en la primera lectura de la Misa : “Ofrecí mi espalda a los que me golpeaban y mis mejillas a los que arrancaban la barba, no retiré mi rostro cuando me ultrajaban y escupían”.
Cristo viene a Jerusalén para que se cumplan estas palabras.
Él entregará su vida por nosotros en la cruz. Como escuchamos en la segunda lectura en la Carta de Pablo a los Filipenses: “Se humilló hasta aceptar por obediencia la muerte y muerte de cruz”.
Cristo es verdaderamente el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. El aceptó la muerte para merecernos la Vida.
Hoy nosotros llevamos a nuestras casas estos ramos. Que a lo largo del año nos recuerden la entrada de Jesús en Jerusalén para morir por nosotros, alcanzarnos el perdón de los pecados y la vida de hijos de Dios.
Los invito a vivir intensamente esta Semana Santa con un verdadero espíritu religioso. A orar más intensamente, a meditar la Pasión del Señor y a participar de las celebraciones litúrgicas.