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Homilía de Mons. Luis Villalba
en la Misa de la Vigilia Pascual
(26 de marzo de 2005)

 

Queridos hermanos:

1. El Concilio Vaticano II dice que entre los interrogantes más profundos que se plantea el hombre está la muerte. (GS 10). El Concilio lo llama “el máximo enigma de la vida humana” (GS 18). Y agrega que el máximo tormento del hombre es el temor por la desaparición perpetua.

Dios creó al hombre para la inmortalidad. ¿Por qué entonces la muerte? La muerte es fruto del pecado. Así lo explica San Pablo: “Por lo tanto, por un solo hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte” (Rom. 5,12). “Porque lo que provoca la muerte es el pecado” (1 Cor. 15,56).

La muerte de Jesús había penetrado profundamente en los corazones de los que lo conocían, en la conciencia de toda Jerusalén.

El silencio que surgió después de la muerte de Jesús dominó todo ese día viernes y todo el día siguiente del sábado. En este día, según las prescripciones de los judíos, nadie se había trasladado al lugar de la sepultura.

Las mujeres de que habla el Evangelio de hoy, pasado el sábado, fueron a visitar el sepulcro al amanecer del primer día de la semana, el domingo. Iban a buscar a Jesús el crucificado.

Y escuchan al Ángel que les dice: “No está aquí, porque ha resucitado, como lo había dicho” . Y el Ángel agrega: “ Vayan en seguida a decir a sus discípulos: «Ha resucitado de entre los muertos, e irá antes que ustedes a Galilea: allí lo verán» ” (Mt . 28,6).

Desde aquella mañana los discípulos han aprendido a pronunciar la palabra “resurrección”. Y “resurrección” ha venido a ser la palabra fundamental, la palabra central, la palabra más importante para los cristianos.

Si Jesús de Nazaret ha resucitado, significa que vive.

Pascua significa el paso de la muerte a la vida.

Este es el día de la victoria de la vida sobre la muerte.

La resurrección de Cristo es la victoria definitiva sobre la muerte. Cristo ha venido para dar respuesta definitiva al deseo de vida que Dios ha inscripto en el corazón del hombre.

La muerte ha sido vencida. Cristo ha vencido a la muerte. Con San Pablo nos preguntamos: “¿Dónde está muerte tu victoria?” Y con el Apóstol decimos: “¡Demos gracias a Dios, que nos ha dado la victoria por nuestro Señor Jesucristo!” (1 Cor. 15,55-57)

El Evangelio dice: “De pronto, Jesús salió a su encuentro y las saludó diciendo: «Alégrense»”.

La tristeza por la muerte se convierte en alegría por la vida.

Esta noche la Iglesia expresa esta alegría de mil maneras. Con las luces que se encienden en medio de la oscuridad. Con el canto del Exultet, el Gloria, el Aleluya.

2. Cristo Resucitado no se aleja de nosotros, Él viene a nosotros. El Ángel le dijo a las mujeres: “Vayan en seguida a decir a sus discípulos: «Ha resucitado de entre los muertos, e irá antes que ustedes a Galilea: allí lo verán»”.

El Señor viene donde más se lo espera, adonde más grande es la tristeza y el miedo, donde más grandes son las desgracias y las lágrimas. El viene para irradiar la luz de la resurrección sobre todo aquello que está envuelto en las tinieblas del pecado y de la muerte.

Este es el día en que en torno al Resucitado, se unen y se asocian todos los sufrimientos humanos, las desilusiones, las humillaciones, las cruces, la dignidad humana violada, la vida humana no respetada, la opresión.

¡Con cuánto dolor sufren muchos hermanos nuestros!

Hoy no queremos olvidar a ninguno de los que sufren.

¡También para ellos es Pascua!

Todas las víctimas de las injusticias, de la violencia, de la explotación, del egoísmo, todos los que padecen hambre, todos los que no tienen trabajo, se encuentran en el corazón de Cristo Resucitado.

¡También para ellos es Pascua!

Frente a la cultura de la muerte: el aborto, la drogadicción, el narcotráfico, la prostitución, la Resurrección de Cristo proclama la cultura de la vida.

La Resurrección de Cristo es el testimonio definitivo de la Vida : “La muerte y la vida entablaron singular batalla. El Señor de la vida, muerto, reina vivo” (Secuencia).

3. Pascua es la fiesta de la vida.

El Señor ha resucitado para hacernos vivir.

Jesús había dicho: “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn. 10, 10).

Cristo ha resucitado para que el hombre encuentre el auténtico significado a su existencia, para que el hombre viva en plenitud su propia vida, para que el hombre que viene de Dios, viva para Dios.

La resurrección de Cristo no sólo nos revela la victoria de la vida sobre la muerte, sino que nos da con su resurrección la nueva vida.

Escuchemos a San Pablo: “¿No saben ustedes que todos los que fuimos bautizados en Cristo Jesús, nos hemos sumergido en su muerte? Por el bautismo fuimos sepultados con Él en la muerte, para que así como Cristo resucitó por la gloria del Padre, también nosotros llevemos una Vida nueva ” (Rom. 6,4) .

Cristo ha resucitado no sólo para sí, sino para nosotros. Él es el primero de los que viven más allá de la muerte temporal, pero todo el que cree en Él y que está unido a Él ya vive para siempre. Este misterio comenzó con nuestro Bautismo.

Esta noche de la Vigilia Pascual , recordamos nuestro Bautismo y renovamos las promesas bautismales.

San Pablo nos exhorta a que, gracias al Bautismo, llevemos una vida nueva: “Así como Cristo resucitó..., también nosotros llevemos una vida nueva” . De esto se trata de cambiar de vida.

“Comprendámoslo , nos dice San Pablo, nuestro hombre viejo ha sido crucificado con Él, para que fuera destruido este cuerpo de pecado, y así dejáramos de ser esclavos del pecado.. Así también ustedes, considérense muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús ” (Rom. 6,6.11).

Queridos hermanos:

Les deseo, de corazón, que esta Pascua sea de verdad para cada uno de ustedes el comienzo de una vida nueva en la familia, en el trabajo, en la sociedad, en la Iglesia , porque Jesucristo, nuestra vida ha resucitado.

Y que la Virgen María , que se ha alegrado por la resurrección de su Hijo, ponga en nuestros labios y en nuestro corazón el canto del Aleluya.