HOMILÍA EN LA MISA DE CLAUSURA
de la IX Asamblea de Pastoral
15 de octubre de 2005
Queridos hermanos:
1. Con esta Eucaristía concluimos nuestra 9na. Semana de Pastoral. Damos gracias a Dios por estas jornadas de oración, reflexión y discernimiento que hemos compartido como Iglesia diocesana. Ahora ponemos sobre el altar nuestros trabajos para que el Señor los convierta en gracia para nosotros.
Como sabemos, nuestro Plan Arquidiocesano de Pastoral se extiende por seis años, dividido en tres etapas de dos años cada una. El año próximo comenzaremos la segunda, llamada etapa catecumenal, que se extenderá a lo largo de los años 2006-2007. Es de profundización del mensaje cristiano. Es una fase de maduración en la fe, a través de un "itinerario catequístico".
Esta etapa corresponde al segundo momento del relato de los discípulos de Emaús (Lc. 24,25-29), caracterizado por la profundización de la Palabra de Dios. Es el momento en que se ahonda en el kerigma. Es la etapa catequística, que apunta a la maduración de la fe.
2. En esta segunda etapa debemos ayudar a los demás a interpretar la vida, no con una visión meramente humana, sino a la luz de la fe, desde el Plan de Dios: "¡Hombres duros de entendimiento... y les interpretó..." (Lc. 24,25-27).
Si queremos acompañar a la gente en este proceso, debemos hacer un gran esfuerzo catequístico. Precisamente el Papa Juan Pablo II. al inaugurar el novenario de preparación al V Centenario de la proclamación del Evangelio en América Latina, nos convocaba a realizar una Nueva Evangelización, "nueva en su ardor, en sus métodos, en su expresión" (Alocución del 9/3/1983). Y en ese sentido nos exhortaba a ser "una Iglesia fuertemente empeñada en una sistemática catequesis, que complete en los fieles la evangelización recibida... El próximo centenario del descubrimiento y de la primera evangelización nos convoca, pues, a una nueva evangelización, que despliegue con más vigor -como la de los orígenes- una vasta creatividad catequética" (Discurso del 12 de octubre de 1984). Y agregaba el Papa: "¿Qué mejor homenaje se podrá rendir a los primeros misioneros de América Latina que el de organizar una intensa acción catequética que nos lleve a un mejor conocimiento de la Palabra Revelada y a un mayor empeño en traducirla en la vida?".
"La catequesis ha sido considerada siempre por la Iglesia como una de sus tareas más importantes". Con estas palabras comienza el Papa Juan Pablo II su Exhortación Apostólica Catechesi Tradendae, que publicó como fruto del Sínodo de Obispos de 1977. La gran importancia de la catequesis se funda en el encargo del Señor resucitado: "Vayan, entonces, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado" (Mt. 28,19-20).
La Iglesia cumple el encargo del Señor con la evangelización, que lleva los hombres a la fe, y con la catequesis, que fortalece y madura la fe incipiente y profundiza el conocimiento del misterio de la persona y del mensaje de Jesucristo.
3. La catequesis es un camino de crecimiento y maduración de la fe que acompaña al cristiano a lo largo de toda su vida.
Por eso hoy se habla de un Itinerario Catequístico Permanente, porque la catequesis es una "'educación en la fe de los niños, de los jóvenes y adultos, que comprende, especialmente, una enseñanza de la doctrina cristiana, dada generalmente de modo orgánico y sistemático, con miras a iniciarlos en la plenitud de la vida cristiana" (Catechesi Tradendae, 18).
En esta segunda etapa tenemos que revisar y acrecentar la catequesis de niños, procurando que ningún de ellos se quede sin ser catequizado.
Recientemente, en nuestra Arquidiócesis, se publicó la Instrucción Pastoral sobre el Bautismo de Niños. Les ruego que sea estudiada y aplicada en todas las comunidades de la Arquidiócesis.
La catequesis de niños sigue siendo necesaria y debemos insistir en no dejarla de lado. Pero si la catequesis quedara reducida a ellos y a su correspondiente organización pastoral, sería insuficiente.
El cristiano tiene que ser catequizado en todos los momentos, situaciones y acontecimientos de su vida.
Esto exige, de parte de nuestras comunidades, no sólo un gran esfuerzo pastoral, sino también un cambio de mentalidad.
Cada vez más, nuestras comunidades deben atender, alentar y fomentar la catequesis de adultos.
La catequesis es un camino de crecimiento y maduración de la fe que acompaña al cristiano a lo largo de toda su existencia.
Los adultos siempre necesitan de la catequesis para crecer y perseverar en la vida de la fe, y para que se fortalezca la comunidad. Esta catequesis, hoy, es más urgente que nunca por las nuevas responsabilidades que el cristiano debe asumir en un mundo cada vez más pluralista. En un mundo, en el que crece el nivel de instrucción en todos los campos del saber, se agudiza la necesidad de la convivencia y el diálogo, y cambian las estructuras sociales que sostenían la fe tradicional.
Los adultos sienten la necesidad de profundizar una fe que se ha quedado demasiado infantil, demasiado sumaria, demasiado débil para hacer frente a los interrogantes actuales. En estos tiempos, en que un cierto número de gente acepta de buena gana la idea de un "reciclaje", también los cristianos deben hacerlo para estar a la altura de su fe. Hay que aguzar la capacidad de rendir cuentas, de encontrar una respuesta adecuada a los nuevos problemas.
4. Esta segunda etapa de nuestro Plan de Pastoral tiene que ayudarnos a organizar la catequesis de adultos en nuestras comunidades: parroquias, capillas, colegios católicos, instituciones, movimientos.
La catequesis de adultos debe ser una estructura permanente en nuestras comunidades, como lo es la catequesis de niños.
La Iglesia , en los últimos años, tanto a nivel continental y universal, como así también en nuestro país, ha resaltado la importancia de la catequesis de adultos.
El documento del Episcopado argentino sobre la Catequesis dice que se debe "implementar el catecumenado para jóvenes y adultos dadas las condiciones actuales que hace cada día más urgente esta tarea pastoral (Juntos para una Evangelización Permanente, 61).
Me parece que en nuestra Arquidiócesis todavía no ha alcanzado la dimensión que le corresponde.
Si Dios quiere, la Carta Pastoral del año próximo tratará, precisamente, de la Catequesis de Adultos.
Tengo una gran esperanza de que el desarrollo de la Catequesis de niños, jóvenes y adultos en nuestra Arquidiócesis, traiga una renovación en la fe y en la vida cristiana de nuestro pueblo.
Que María, la Madre de la Iglesia , nos ayude en esta tarea de acompañar a los fieles a crecer en su fe.