HOMILIA EN LA
Solemnidad de Cristo Rey
19 de noviembre de 2005
Queridos Hermanos:
1. Hoy celebramos la fiesta de Cristo Rey, con la que concluye el año litúrgico.
A lo largo de estos doce meses hemos contemplado los grandes misterios de nuestra salvación: desde la espera del Salvador en el Adviento hasta los misterios del nacimiento y la infancia del Señor. Luego nos unimos a su Pasión, Muerte y Resurrección, a la donación del Espíritu en Pentecostés y acompañamos la vida pública de Jesús hasta llegar a la espera de la consumación final.
2. Pilato pregunta: “¿Eres tú el rey de los judíos?”.
Jesús responde: “Mi realeza (mi reino) no es de este mundo. Si mi realeza fuera de este mundo, los que están a mi servicio habrían combatido para que Yo no fuera entregado a los judíos. Pero mi realeza no es de aquí”.
Pilato le dijo: “¿Entonces Tú eres rey?”.
Jesús respondió: “Tú lo dices: Yo soy rey. Para esto he nacido y he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. El que es de la verdad escucha mi voz”.
Los reinos de este mundo se consolidan con la suma de los súbditos, la fuerza de las armas, las riquezas que tienen.
La realeza de Jesús no se asienta en esta clase de fuerzas.
Se trata del poder de Dios que viene a este mundo para salvarlo. Por eso Jesús prohibió a sus discípulos que empuñaran la espada para defenderlo.
La fuerza con que Jesús salva al mundo se manifestará en su muerte y resurrección.
Jesús vino a reinar en el corazón de los hombres.
Jesús reina cuando cumplimos la voluntad de Dios, cuando reconocemos la supremacía de Dios: “venga a nosotros tu Reino”, rezamos en el Padrenuestro. Y agregamos: “Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo”.
3. “Mi realeza no es de este mundo”.
No se debe confundir el Reino de Cristo con un reino de este mundo.
Pero eso no significa que “mi reino no debe estar en este mundo”.
Como si el Reino de Cristo fuera algo puramente espiritual que no debiera intervenir para nada en las realidades de este mundo. Como si el Reino sólo tuviera lugar en el corazón, dentro de las paredes de los templos y quedara reducido a la oración y a la moral de los individuos.
Por eso, cuando la Iglesia enseña que el Reino de Dios nos urge a transformar la familia, la sociedad humana, la política, la economía, la cultura, haciéndola conforme a la voluntad de Dios: más justa, más fraterna, más pacifica, se molestan y quieren hacerla callar.
El Reino es la voluntad de Dios que debe ordenar todas las cosas. Por eso Jesús dice, en otra parte del Evangelio, que el reino es como la levadura en la masa: debe penetrarlo todo.
Celebrar la fiesta de Cristo Rey implica un compromiso. Significa trabajar con todo empeño para que la voluntad de Dios se manifieste en todas las cosas.
Recientemente los Obispos argentinos publicamos la Carta Pastoral: Una luz para reconstruir la nación.
Allí afirmamos que la Doctrina Social de la Iglesia es el anuncio del Evangelio aplicado a la vida social considerada en todos sus planos: familiar, cultural, económico, ecológico, político, internacional. Es el Evangelio de Jesucristo aplicado a la vida social del hombre. Es su resonancia temporal. Y así como la Iglesia no puede callar el Evangelio, tampoco puede silenciar su Doctrina Social. Nadie ha de temerle a ella. La Iglesia la anuncia a favor del hombre y de la paz social, para el servicio de todos.
4. Hoy es la fiesta de la Acción Católica.
Al celebrar la Acción Católica Argentina sus 75 años de vida, damos gracias a Dios por el camino recorrido y por los frutos de santidad y apostolado que ha brindado a la Iglesia.
Expresamos nuestra estima por la Acción Católica y reconocemos la obra de tantos, socios, asesores y dirigentes.
La Acción Católica es una institución de laicos. Y sabemos que la misión propia de los laicos es su presencia activa en el mundo de las realidades temporales, es vivir insertos en el mundo.
La religión no puede ser un atajo para eximirse de la responsabilidad laical. El miembro de la Acción Católica, más que nadie, debe ocuparse responsablemente, con competencia, con entrega, a la gestión de las cosas temporales.
Como laico debe llevar a la sociedad los valores evangélicos, tales como la fidelidad a la verdad, la justicia, la laboriosidad y la honestidad, la solidaridad, el respeto a la vida, el rechazo de todo fraude, el sentido social y la búsqueda del bien común.
La Acción Católica debe vivir el Evangelio sirviendo a la persona y a la sociedad.
La Acción Católica debe participar del diálogo con la sociedad.
La Acción Católica está llamada a evangelizar los sectores y ámbitos de la sociedad: la familia, la educación, la política, los medios de comunicación, la vida económico-social, el mundo de la cultura.
Los desafíos a la Nueva Evangelización, que los obispos señalamos en Navega Mar Adentro, exigen de la Acción Católica un compromiso para trabajar por la presencia del Reino de Dios en todos los ambientes de misión.
Asimismo comprometo a la Acción Católica a asumir como propio el Plan Arquidiocesano de Pastoral.
La Acción Católica, por propia vocación, está al servicio de la pastoral diocesana, está insertada en la Pastoral Orgánica, participa de los planes pastorales de la diócesis.
Esa es su pastoral. Se puede decir que la finalidad de la Acción Católica es contribuir a la Pastoral Orgánica de la Iglesia arquidiocesana, y esta contribución se da desde el comienzo al fin, desde el proyecto de un plan pastoral, hasta la misma planificación, la ejecución y la evaluación.
Debemos retener esta idea-base de la Acción Católica al servicio de la Iglesia arquidiocesana: la Acción Católica, en fuerza de su ministerialidad típicamente eclesial, debe ponerse al servicio de la Iglesia arquidiocesana.
La Acción Católica es la que debe asumir la globalidad de la pastoral diocesana como “su propio camino” y su “propia especificidad”. La Acción Católica debe actuar en “simbiosis” con la pastoral diocesana.
De aquí se sigue que, si la propia especificidad de la Acción Católica está en su relación a la Arquidiócesis, debe ponerse al servicio de la Pastoral Orgánica y, lógicamente, todos sus planes formativos y pastorales deben tener su fuente y sus criterios de autenticidad en la programación pastoral de la Iglesia arquidiocesana.
El Arzobispo debe encontrar en la Acción Católica esta red de laicos con los cuales recorrer el camino pastoral arquidiocesano.
En esta solemnidad de Cristo Rey encomendamos la Acción Católica a la intercesión de la Santísima Virgen, para que cada miembro sea un protagonista generoso de la Nueva Evangelización.