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HOMILÍA DE MONS. LUIS VILLALBA
EN LA MISA DESPUÉS DEL VÍA CRUCIS DE LOS JÓVENES

MIÉRCOLES SANTO
4 de abril de 2007

Queridos jóvenes:

1. Hemos recorrido las calles de nuestra ciudad rezando el Vía Crucis, es decir el camino de la Cruz. Hemos recordado y meditado lo que padeció Jesús el primer Viernes Santo. Hemos seguido y acompañado al Señor, paso a paso, desde que es condenado a muerte y, llevando la cruz, es crucificado en el Calvario.

Nos hemos conmovido ante el Señor.

Pero preguntémonos: ¿Quién es Cristo para mí? ¿Yo qué pienso de Cristo?

No es una pregunta impertinente.
San Juan Bautista le decía a la gente que lo escuchaba: “En medio de ustedes hay alguien al que ustedes no conocen?” (Jn. 1,26). Y el mismo Señor le pregunta a sus discípulos: “¿Quién dice la gente que soy yo?”
(Mc. 8,27).

2. ¿Quién es Cristo para mí?
Por indicación del Ángel se le puso como nombre Jesús. Este nombre significa “el Salvador”.

¿Cristo es nuestra salvación?
En una oportunidad Pedro le dijo a Jesús: “Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de Vida eterna” (Jn. 6,68).
Si Cristo es nuestra salvación, estar o no estar con Él es cuestión de vida o muerte.

San Pablo dice: “Para mí la vida es Cristo” (Fil. 1,21). Y agrega: “Todo me parece una desventaja comparado con el inapreciable conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor” (Fil. 3,8).

3. Jesús dijo: “Ustedes me llaman Maestro y Señor, y tienen razón, porque lo soy” (Jn. 13,13).

El Evangelio afirma que la gente estaba asombrada de su enseñanza, que ningún hombre había hablado como él.

¿Jesús es mi Maestro? ¿Conozco sus enseñanzas? ¿Pongo en práctica la Palabra de Jesús? ¿Mi vida concreta se configura conforme a la Palabra de Jesús? ¿Conozco el Evangelio?

Jesús dijo: “Yo soy el Buen Pastor” (Jn. 10,11).
¿Me dejo guiar por el Señor? ¿Escucho su voz?

Jesús dijo: “Yo soy el Pan de Vida” (Jn. 6, 34).¿Yo me alimento con el Cuerpo y la Sangre del Señor? ¿La Misa dominical es el centro de mi vida?

Jesús dijo: “Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no andará en tinieblas” (Jn. 8,12).
En la Vigilia Pascual viviremos esta realidad y la representaremos en una celebración llena de simbolismo: en el templo, que se encuentra a oscuras, entra el cirio pascual encendido, figura de Cristo resucitado.

El templo queda iluminado y cantamos “La luz de Cristo”. Y todos encendemos nuestras velas en ese cirio, haciendo nuestra esa luz que expulsa la oscuridad.

La Iglesia oscura simboliza la situación de los hombres que carecen de la luz de la fe. Estos hombres son como ciegos que viven en la tiniebla y la muerte interior.

Efectivamente, pensemos en cuantos jóvenes que sufren porque no encuentran un sentido a sus vidas. Otros tratan de llenar con falsos placeres el intenso vacío que experimentan en su interior y que no pueden satisfacer. A éstos la Iglesia les anuncia a Cristo como Luz del mundo, que viene ofrecerles una vida nueva con tal que quieran aceptarlo y darle lugar en sus vidas.

También nos puede pasar a nosotros. Decimos que tenemos fe, pero esa fe no ha asumido los compromisos de bautizados. En esta Pascua se nos invita renovar nuestro compromiso bautismal para que Cristo sea de verdad nuestra Luz y nuestra Vida.

Jesús nos dijo: “Ustedes son la luz del mundo... Así debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes, a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en el cielo” (Mt. 5,14-16).

Esto significa que debemos ser, con nuestra vida, testigos y apóstoles del Señor para nuestros hermanos.

4. Ustedes saben que el domingo pasado se celebró la Jornada Mundial de la Juventud. Para esta oportunidad en el Mensaje a los Jóvenes el Papa propuso para la reflexión las palabras de Jesús: “Así como yo los he amado, ámense también ustedes los unos a los otros” (Jn. 13,34).

Y el Papa les señala tres ámbitos donde deben vivir este amor.

El primer ámbito es en la Iglesia, es decir, en las distintas comunidades donde participan: la parroquia, la capilla, los grupos juveniles, los movimientos.

El segundo ámbito, dice el Papa, donde los jóvenes están llamados a expresar el amor es en la preparación para el futuro que les espera. Si es en el matrimonio, preparándose en el noviazgo, donde se aprende a amar, y que se ha de vivir en la castidad en las palabras y en los gestos. Si es en el seguir a Jesús en el camino del sacerdocio o de la vida consagrada, preparándose para decir un sí generoso al Señor.

El tercer ámbito donde se ha de vivir el amor es el de la vida cotidiana en sus diversos aspectos: la familia, el estudio, el trabajo, el tiempo libre.