Homilía de Mons. Luis H. Villalba, Arzobispo de TUCUMÁN,
en la Misa de Navidad 2007
Queridos hermanos:
1. Estamos celebrando la Nochebuena, el nacimiento de nuestro Señor Jesucristo.
Navidad es una festividad fundamentalmente religiosa.
En la actual sociedad de consumo, la Navidad sufre una especie de contaminación comercial que corre el peligro de alterar su auténtico significado.
En Navidad recordamos, celebramos, el nacimiento del Hijo de Dios hecho hombre en el seno virginal de María Inmaculada.
Navidad no es sólo un hecho histórico que sucedió hace ya más de dos mil años en un pequeño pueblo llamado Belén, sino que Navidad es un misterio de fe: Dios se hace hombre, Dios se hace como uno de nosotros para redimirnos, para salvarnos.
2. Esta noche nos detenemos una vez más ante el pesebre para contemplar maravillados al Hijo de Dios hecho hombre. En Belén tuvo lugar el acontecimiento extraordinario que cambió el rumbo a la historia: el nacimiento de nuestro Redentor.
En la carta a los Filipenses San Pablo afirma que Cristo “que era de condición divina, no consideró esta igualdad con Dios como algo que debía guardar celosamente: al contrario, se anonadó a sí mismo, tomando la condición de servidor haciéndose semejante a los hombres” (Fil. 2, 6-7).
San Pablo también dice: “Cuando se cumplió el tiempo establecido, Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer y sujeto a la Ley, para redimir a los que estaban sometidos a la Ley y hacernos hijos adoptivos” (Gál. 4,4-5).
3. Navidad es un mensaje de alegría y esperanza.
Navidad es un mensaje de alegría.
Esa noche a los pastores y hoy a nosotros el Ángel nos dice: “Les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo” (Lc. 2, 10).
Navidad es un mensaje de esperanza.
Es un mensaje de esperanza porque en aquella noche, de hace más de dos mil años, “En la ciudad de David nos ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor” (Lc. 2, 11).
¿Pero es necesario, aún, un Salvador para el hombre que ha llegado a la luna y se dispone a conquistar el universo? ¿Es necesario un Salvador para el hombre que investiga los secretos de la naturaleza y logra descifrar hasta los códigos del genoma humano? ¿Necesita un Salvador el hombre que navega por Internet y que gracias a las avanzadas tecnologías de la comunicación, ha convertido la tierra en una pequeña aldea global?
A pesar de tantas formas de progreso, el hombre necesita ser salvado. El hombre no se salva solo. Esa salvación le viene de Dios, por mediación de Jesucristo.
El sentido de la salvación que nos trae Jesús lo da el anuncio del ángel a los pastores: “porque Él salvará a su Pueblo de todos sus pecados” (Mt. 1, 21).
Cristo vino a este mundo, murió en la cruz y resucitó para vencer el pecado y la muerte, para que el hombre tenga vida y vida en abundancia, para hacerlo hijo adoptivo de Dios.
Dios se hace hombre para salvar al hombre.
¿Por qué Dios viene en busca del hombre? Porque el hombre se ha alejado de Él. Satanás lo ha engañado, persuadiendo al hombre de poder conocer como Dios el bien y el mal, de ser como el mismo Dios, gobernando al mundo a su arbitrio, sin contar con la voluntad divina.
Dios viene en busca del hombre para que abandone los caminos del mal. Esa es la Redención: derrotar el mal.
El Hijo de Dios se ha hecho hombre, asumiendo un cuerpo y un alma en el seno de la Virgen María para vencer el mal, el pecado y la muerte.
4. El Señor vino como luz que ilumina a todos los hombres y como dice San Juan “A los que lo recibieron, a los que creen en su Nombre, les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios” (Jn. 1, 12).
Navidad es un misterio de fe. En el niño recién nacido se manifiesta nuestra salvación. Todos nos sentimos amados y acogido por Dios.
En Navidad debemos recibir a Jesús en nuestra vida.
Entremos con los pastores en la gruta de Belén.
Que la Virgen nos enseñe a guardar en nuestro corazón el misterio de Dios que se ha hecho hombre por nosotros.
Que Dios les conceda una Navidad en paz, en crecimiento de la fe, en aumento de la caridad fraterna, especialmente hacia aquellos que están necesitando de cosas materiales y también de consuelo, de resignación y de amistad sincera.
¡Feliz Navidad para todos!