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HOMILÍA de Mons. José Antonio Passarell
en el TEDÉUM 25 DE MAYO DE 2008

Autoridades provinciales y municipales, representantes de instituciones civiles, militares, de fuerzas de seguridad, de otros credos religiosos, clero y fieles, en este día en que conmemoramos el 198 aniversario de la fecha patria del 25 de mayo de 1810, estamos presentes participando en esta celebración eucarística  y de la oración del Tedéum, que la Iglesia  ofrece a Dios Todopoderoso como expresión de gratitud y reconociendo su centralidad y referencia en la vida de nuestro pueblo argentino pedirle su  asistencia y continua protección en las situaciones que vivimos y también, para responder con sensatez como ciudadanos, en actitud de servicio al bien común de la Patria,en todos sus ámbitos.

En 1810 los próceres de Mayo, también  acudieron a la Iglesia Catedral para poner bajo la protección de Dios el nuevo gobierno, la celebración que debía realizarse el 2 de Junio,  por intervención del Cabildo se anticipó para el 30 de Mayo, donde se rogaría por  el aniversario del monarca  y la instauración del nuevo gobierno provisorio que lo representaba.

Según refiere Juan Manuel Berutti, en sus  escritos "Memorias": 'Se hizo una solemne función en la Catedral y se cantó el Tedéum en acción de gracias por la instalación de la Junta, la que asistió a ella  con todos los Tribunales'. (Historia eclesiástica argentina de Cayetano Bruno ,T. VII, p. 277). Con esta fecha podemos decir, que se inicia una etapa que se orienta a su conclusión y consolidación como Nación, así sus habitantes identificados como argentinos honran la memoria  de sus próceres y expresan el amor a la Patria.

La piedad según enseña  santo Tomás de Aquino  II -  II q. 101, a. 3, ad.  1,   comprende honrar a  los padres, a los antepasados, a la Patria. El amor a la Patria  se expresa en un estilo de vida que  es signo del amor  y  refiere a nuestra  vinculación con ella  procurando su engrandecimiento  en la participación activa de la vida cívica con espíritu fraterno, solidario, sintiéndose responsable y comprometido, teniendo presente las demás virtudes que ennoblecen la dignidad de las personas.

Por esto, recordando la motivación con que orienta, el Concilio Vaticano II en la Constitución Gaudium et spes n° 75, expresa que tenemos que alimentar el amor a la Patria, con la magnanimidad y lealtad. Estas virtudes ayudan a dejar de lado el egoísmo, la indiferencia, la falta de sensibilidad y otras actitudes que obstaculizan el crecimiento y la prosperidad  del  bien en la realidad ciudadana. Incentivado por el amor a la patria, es necesario que se favorezca una dinámica personal  con espíritu altruista y de respeto,  dejándose iluminar por la luz de la verdad sintiéndose responsable de ella, comprometiendo esfuerzo, tenacidad y perseverancia, y así  lograr el progreso social.

Las tareas que comportan responsabilidades en organismos políticos, sociales y civiles, siendo  lugares clave en la vida de una nación en su compromiso y ejercicio,  se dejan  orientar por la prudencia, justicia y sabiduría,  porque está  presente el bien común y el amor al hombre y los actos por más pequeños que sean tienen su repercusión  en el tiempo y en las generaciones futuras.
El valor de la paz es necesario mantenerlo, custodiarlo y favorecerlo mediante la justicia, verdad, libertad, y el diálogo, ayudado por el vínculo de la fraternidad y la reconciliación.

El Santo Padre Benedicto XVI, en su reciente viaje a los Estados Unidos recordaba,  "la regla de  oro del amor está escrita en toda conciencia "Haz a los demás lo que quieras que te hagan a ti y no hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a ti". Esa regla de oro, se encuentra en la Biblia, pero es válida para todos, incluso para los no creyentes. En ella todos podemos estar  de acuerdo, de modo que al afrontar otras cuestiones, podamos hacerlo de una manera positiva y constructiva  para toda la comunidad humana. (L" OSSERVATORE ROMANO, n° 16, p. 5 - 18 - 4 - 2006).

La Iglesia con el anuncio de su mensaje desde la fe y por su caminar junto a la humanidad, siendo fiel a su misión quiere aportar al crecimiento de la realización humana y espiritual de los  pueblos, expresando su  parecer  y proclamando su doctrina.

Así en el Documento conclusivo de la V Conferencia del Episcopado  de América  Latina y del Caribe, de Aparecida,  en el n° 534 expresa "La Iglesia tiene que animar a cada pueblo para construir en su patria una casa de hermanos donde todos tengan una morada para  vivir y convivir con dignidad. Esa vocación requiere la alegría de querer ser y hacer una nación,   un proyecto histórico sugerente de vida en común...", en el n° 538, aprecia que todas las auténticas transformaciones se fraguan y se forjan en el corazón de las personas e irradian en todas las dimensiones de su existencia. y convivencia...", y en el n° 384, se refiere a  la necesidad de colaborar con las instancias políticas y sociales, en orden a las  estructuras hacia una realidad más justa...", como en el n° 386,  recuerda que el amor se muestra  en las obras más que en las palabras, y esto vale también para nuestras palabras, en esta  V Conferencia".

Le pidamos a Dios crecer en el amor a la Patria, que sea fortaleza de nuestra voluntad, sabiduría y sensatez para discernir las situaciones  en la concreción  de ideales y proyectos.

Que la Virgen  María  nos acompañe con su protección maternal.