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Índice de la Instrucción

Capítulo Séptimo:
Las tareas de la catequesis de adultos

Iníciense, pues, los catecúmenos convenientemente en el misterio de la salvación, en la práctica de las costumbres evangélicas y en los ritos sagrados... Y como la vida de la Iglesia es apostólica, los catecúmenos han de aprender también a cooperar activamente en la evangelización y edificación de la Iglesia...[49].

El fin de la catequesis es conducir al fiel a una fe madura.
Para precisar cuáles son las tareas con las que ha de realizar su finalidad, la catequesis debe inspirarse en la manera con que Jesús formaba a sus discípulos.
En esta formación, Jesús les explica los misterios del Reino y para ello les dedica una enseñanza especial. Les enseña también a orar. Desea, asimismo que sus discípulos le imiten en sus actitudes morales: “Aprendan de mí...” (Mt. 11,29). Finalmente, les  enseña a evangelizar, enviándoles de dos en dos a anunciar la Buena Noticia.

La catequesis inspirándose en este paradigma de Jesús Maestro, desarrollará con los adultos una formación similar.

Las cuatro tareas fundamentales que ha de asumir son[50]:

  1. Una iniciación orgánica en el conocimiento del misterio de la salvación.
  2. Una capacitación básica para orar y celebrar la fe en la liturgia.
  3. Un entrenamiento en la adquisición de actitudes evangélicas.
  4. Una iniciación en la acción apostólica y misionera.

1) Conocer el misterio de la salvación

La primera tarea de la catequesis es la iniciación orgánica en el conocimiento del mensaje evangélico tal como lo vive y lo enseña la Iglesia.

El hombre que se ha encontrado con Cristo desea conocerlo lo más posible y conocer su plan salvador. El conocimiento de la fe (fides quae) viene pedido por la adhesión de la fe (fides qua), es decir, por la vinculación del hombre con Dios.

Ya en el orden humano, el amor a una persona lleva a conocerla y a interesarse por sus planes y proyectos. El encuentro con Cristo exige conocer su persona, su vida, su mensaje. Sin este conocimiento nuestra entrega a El no sería una fe plena.

2) Aprender a orar y a celebrar la fe

La catequesis debe favorecer una participación activa y consciente en la liturgia de la Iglesia. Debe también ayudar a los fieles para la lectura y meditación de la Palabra de Dios y para orar.

3) Ejercitar la actitudes evangélicas

No tomen como modelo a este mundo. Por el contrario, trasfórmense interiormente renovando su mentalidad, a fin de que puedan discernir cuál es la voluntad de Dios, lo que es bueno, lo que le agrada, lo perfecto” (Rom. 12,2).

La catequesis debe ayudar al catecúmeno a seguir a Cristo adoptando su estilo de vida. De este modo, el catequizando emprende un camino espiritual por el que, participando ya por la fe del misterio de la muerte y resurrección, pasa del hombre viejo al hombre nuevo en Cristo.


4) Fomentar la acción apostólica y misionera

Un discípulo de Jesucristo ha de ser misionero igual que su Maestro: “Los envió de dos en dos para que lo precedieran en todas las ciudades y sitios adonde él debía ir” (Lc. 10,1).

La catequesis debe, por tanto, entrenarlo en el ejercicio de la misión.

Este aprendizaje capacitará al adulto tanto para desarrollar una presencia cristiana en la sociedad (vecinal, laboral, cultural, política, etc.), como para cooperar en tareas intraeclesiales (catequista, voluntario de Cáritas, pastoral de la salud, etc.).

 

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[49] Ad Gentes, 14.

[50] Ver, por ejemplo: Documento de Aparecida, 292.