Mensaje pascual
de Mons. Luis H. Villalba, arzobispo de Tucumán
San Miguel de Tucumán, 1° abril de 2007
La Pascua principio de renovación personal y social
1. Todos tenemos necesidad de ser salvados. Por el hecho de haber nacido, todos somos náufragos en esta inevitable aventura. Olvidarlo constituiría una ceguera.
Todos tenemos que tener conciencia de esta necesidad, es decir, debemos ser conscientes de la existencia del mal, de nuestro mal, del mal que hay en el mundo. No se trata de un pesimismo desesperado; es realismo; y para nosotros, que creemos en la salvación conseguida por Cristo, esta toma de conciencia constituye la diagnosis sincera y saludable que precede a la terapéutica de la salud.
Nuestro bien comienza con el conocimiento de nuestro mal.
En primer lugar, el mal supremo, que nos atañe a todos personalmente: el pecado.
Nosotros estamos perdiendo el sentido del pecado. Pío XII llegó a decir que “seguramente que el pecado más grande del mundo de hoy es que los hombres están empezando a perder el sentido del pecado”.
Esto se debe a la pérdida del sentido de Dios y de nuestra relación con Él.
Entonces, el hombre cree que ha adquirido la libertad cuando, en realidad, sólo ha conseguido perder la brújula orientadora de su vida. Dostoievski decía que “sin Dios todo puede llegar a ser lícito”.
El segundo capítulo de esta dolorosa sabiduría consiste en la toma de conciencia de los males que existen en nuestra sociedad.
¿Quién puede enumerarlos todos? ¿Quién es capaz de medir su extensión?
Nos duele que se vaya extendiendo la cultura de la muerte, en vez de defender y proteger la vida desde su concepción hasta la muerte natural.
Deploro la falta de seguridad, el desequilibrio y la desigual distribución de los bienes, la falta de diálogo, la fragmentación social, el deterioro de la política, la mentira, la ambición desmedida, la corrupción en la vid pública,
Nos hace mucho daño el auge de la droga, de la prostitución, del juego.
2. Afirma el Concilio Vaticano II: “Cristo constituido Señor por su resurrección ...obra ya por la virtud de su Espíritu en el corazón del hombre no sólo despertando el anhelo del siglo futuro, sino alentando, purificando y robusteciendo, también con ese deseo aquellos generosos propósitos con los que la familia humana intenta hacer más llevadera su propia vida y someter la tierra a ese fin” (Gaudium et Spes, 38).
La fiesta de Pascua no sólo es la fiesta de Cristo resucitado y vivo; es también la fiesta de la humanidad llamada participar en una nueva forma de vida, más santa, más perfecta, más elevada; una vida que tiene por principio la misma vida de Cristo.
Les deseo a todos una Pascua feliz, especialmente, a cuantos tienen hambre y sed de justicia, a cuantos trabajan y se fatigan, a los enfermos, a los pobres, a los encarcelados, a los huérfanos, a cuantos sufren y lloran.
¡Paz y bendición!